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Una ruta hasta la cima como viaje de introspección

Conquistar una cima es mucho más que un simple reto deportivo; cada paso por terreno alpino nos acerca más a nuestro yo interior.

El coche avanza a trompicones por la estrecha carretera de montaña, pasando por vastas praderas y susurrantes riachuelos. Por el interior del valle Kelchsau llego al punto de partida de mi ruta hasta la cima. Me esperan 1200 m de desnivel, un ascenso de cuatro horas que pasa por tres lagos de montaña y, finalmente, habré llegado a la cima del Schafsiedel, a 2447 m s.n.m. Todavía no la veo, solo los extensos bosques dejan entrever que detrás de ellos me esperan las cimas de los Alpes de Kitzbühel. Suena el móvil. ¡Ay, Dios mío, Hans-Dieter! ¿Debería cogerlo? Sigue sonando sin compasión. Vale, lo cojo. Quiere que vea rápidamente algunas tablas y cálculos de Excel. Oportunamente se le ha olvidado que estoy de vacaciones. Se interrumpe la conexión. Llego al aparcamiento, donde podría mirármelo en el smartphone. Pero entonces perderé una hora, lo que en senderismo suponen 300 m de desnivel. Cabría la posibilidad de que al mediodía me pillara una tormenta y todo gracias a Hans-Dieter. Con cierta satisfacción compruebo que ya no tengo internet en el móvil. Ya no hay conexión. ¡Estoy salvado y ya puedo ponerme en marcha!

El placer del senderismo
Atravieso un espeso y verde bosque de abetos por un camino flanqueado por helechos. Noto un frío y refrescante aire procedente de los riachuelos, cuyo cauce se ha abierto paso entre las pendientes boscosas. ¡Por fin puedo respirar profundamente! De repente ya no hay preocupaciones: ni estrictos horarios, ni la obligación de estar siempre localizable en cualquier parte ni el estrés de la oficina, que se atrevió a perseguirme hasta los pies de este magnífico bosque. Estoy solo, completamente solo. Y me encanta.

Aunque no siempre ha sido así. De pequeño incluso odiaba ir de excursión. Quizá era porque siempre iba con mis padres y sus amigos, lo que me aburría sin remedio. Sin embargo, hoy disfruto del silencio, disfruto observando el vuelo de una mariposa con su magnífico dibujo en las alas, bebiendo de un manantial y comiendo arándanos silvestres. Me permite volver a encontrarme a mí mismo y sentir esa armonía con la naturaleza.

Ante el refugio Neue Bamberger Hütte se unen todos los riachuelos, que se precipitan con un ruido ensordecedor hacia el valle. Observo el escarpado relieve de la montaña y me concedo una primera pausa. Llevo un poco de exceso de equipaje para mi ruta hasta la cima: guantes, gorro de lana y linterna frontal; pero así estoy perfectamente equipado para cualquier imprevisto meteorológico. Para reducir el peso de mi mochila, me como los primeros bocadillos. Y ya puedo continuar.

 

Vistas alpinas
El camino es cada vez más empinado y en el límite de la arboleda me recibe un mar de flores alpinas amarillas y lilas. Siento que sus colores, en el punto álgido del verano, están a punto de explotar. Cada metro de desnivel superado me ofrece más y más vistas: a la izquierda está el enorme glaciar del Hohe Tauern y, a la derecha, me tropiezo con un lagarto. Consigo distinguir su dibujo marrón y negro, antes de que vuelva a esconderse debajo de una roca. El encanto de ir ascendiendo hacia lo más alto no solo recae en las vistas de la vasta inmensidad, sino también en los muchos detalles. Sin embargo, una excursión también permite ver nuestro interior y hacer, por así decirlo, un viaje de introspección.

Llego al primer lago, el Untere Wildalmsee, que yace como un reluciente ojo azul en el paisaje alpino. Las vacas toman el sol en la orilla, como si estuviéramos en el Caribe. Tras superar un segundo nivel llego al lago intermedio, el Mittlere Wildalmsee, donde hago una breve pausa para sumergir mis pies en sus frías aguas. Otros excursionistas son más atrevidos e incluso saltan a la fría agua de tan solo doce grados. A mí me basta con un refrescante baño de pies antes de ponerme de nuevo las botas y emprender la última etapa.

Más tarde, en el tercer lago, el Obere Wildalmsee, me reciben finalmente las ovejas que llevo esperando tanto rato, ¡por algo el Schafsiedel (en alemán, asentamiento de ovejas) recibe su nombre! Se pasan todo el verano pastando por los suculentos prados alpinos, con los que seguramente sueñan durante el invierno en el valle. Un sendero más empinado conduce a la cima; no es que sea una cresta especialmente difícil, sin embargo debo coger fuerzas para poder subir. Me preocupan más bien las oscuras nubes que se están formando sobre mí. ¿Eso era una gota? ¿De verdad tengo que dar media vuelta a tan solo media hora de la cima? Saco el smartphone, incluso tengo internet y puedo consultar mi inteligente aplicación de previsión de lluvia: el frente pasará de largo. Son buenas noticias. Además de otros 17 mensajes de la oficina. ¡Qué rápido guardo el móvil! 

Ruta por la montaña y una profunda revelación
Cuanto más subo, más predomina el silencio. Tan solo se oye el balido de las ovejas. Me encanta este silencio. Ahora, cada pequeño soplo de viento se siente con más intensidad. Sentir el silencio y la soledad en este círculo montañoso es realmente purificante. Sientes que la soledad te hace avanzar. Y cada uno de mis pasos por esta ruta expresa mi actitud recién adquirida ante la vida: avanzar por el mundo de forma más serena y consciente. Inmerso en mis pensamientos levanto la vista y la veo, la cruz de la cima está muy cerca. Respiro profundamente, reúno todas mis fuerzas para el último tramo y ¡ya he llegado! Me invade un sentimiento de libertad y de serenidad. Miro enfrente, a las cimas del Hohe Tauern, que se yerguen majestuosas; sin embargo, el mundo de abajo parece pequeño, casi insignificante.

Después de registrarme en el libro de la cima, me siento bajo la cruz y pienso en mis compañeros de trabajo, en Hans-Dieter y compañía, que siempre trastornan y agitan. Deberían venir aquí alguna vez. Aquí arriba, en el silencio, se puede ahondar en uno mismo, reunir fuerzas y hacer planes más allá de la próxima semana de trabajo. Son estos los momentos que te permiten decidir cómo quieres vivir en este mundo. Algo que solo se puede entender cuando has llegado a lo más alto.  

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