Hallstatt, Haute-Autriche Hallstatt, Haute-Autriche

Un escenario mundial

Un recorrido por el país

Desde hace 146 años, el Musikverein de Viena ofrece música clásica de fama mundial y, entre bastidores, todo depende del gran esfuerzo del personal.

Walter Deibler, jefe de sala del Musikverein de Viena, permanece impasible ante la marabunta. En el centro de Viena está cayendo un fuerte chaparrón y en poco tiempo acuden al vestíbulo del Musikverein entre dos y tres mil personas con paraguas y abrigos empapados —todo un reto para el personal a su cargo—. Además, esta noche algo se ha torcido: una asistente en silla de ruedas ha adquirido una entrada para un asiento no apto para sillas de ruedas, dos asistentes tacaños se niegan a pagar 1,70 EUR para dejar sus abrigos y empiezan a discutir con la encargada del guardarropa en el vestíbulo; y un matrimonio con abono está sin entradas ante el acceso a la gran sala del Musikverein, se han olvidado las entradas en casa.

Sin embargo, Walter Deibler ni se inmuta. No hay nada que este jefe de sala de 53 años no haya vivido tras más de 25 años de servicio en el Musikverein. Con elegante serenidad, Deibler se encarga de que en pocos minutos todo se haya solucionado: la aficionada de Liszt en silla de ruedas se cambia de sitio y disfruta ahora de unas vistas aún mejores de las que habría tenido, la pareja de abonados recibe sin más unas entradas de sustitución y tranquiliza a los protestones asistentes del guardarropa con una paciencia que incluso habría sido la envidia de Mahatma Gandhi.

"Diría que aquí sí que desempeño el trabajo de mis sueños", explica Walter Deibler, mientras acompaña a los asistentes al Salón Dorado del Musikverein: "En esta casa he conocido a personas, que como simple mortal no habría conocido nunca". Cecilia Bartoli, Nikolaus Harnoncourt, Seiji Ozawa, Ricardo Muti, Anna Netrebko, Deibler ha conocido, y conoce, a todas las celebridades del mundo clásico, que habitualmente actúan en el Musikverein. Para muchos músicos, una actuación en este famoso edificio cerca de la Ringstraße sigue siendo aún hoy algo muy especial. Incluso para los que ya han dado un concierto en la Filarmónica de Berlín y en el auditorio principal del Real Concertgebouw de Ámsterdam: cuando los directores, solistas y músicos de orquesta ofrecen su primer concierto en el Musikverein, siempre tienen la sensación de que es un verdadero honor.

Cuando Theophil Hansen, el principal arquitecto del historicismo europeo, empezó a concebir a principios de 1860 los planos de una sala de conciertos cerca de la iglesia de San Carlos Borromeo, lo tuvo claro: quería erigir un templo de la música en el corazón del centro de Viena. Hansen era un admirador entusiasta de la Antigua Grecia, algo que aún se puede observar a cada paso al atravesar las escaleras y el vestíbulo de este clásico y suntuoso edificio. Realmente parece que predomine un espíritu ateniense, enriquecido con la ligereza y la alegría de vivir vienesas, algo que no solo queda patente en los bufés de la pausa, donde antes del concierto ya se degusta con ganas un poco de champán. Y, luego, está el Salón Dorado: los imponentes frescos del techo, las elegantes y desenfadadas cariátides, y las masas de oro que se incorporaron a la decoración del salón, todos ellos son testigos del opulento esplendor de la época de la Ringstraße, que hoy en día sigue brillando aquí.

Desde su inauguración en 1870, se han representado 44.000 obras en el Musikverein, entre ellas, numerosos estrenos. Las sinfonías de Brahms y Bruckner formaban parte del repertorio, como las Kindertotenlieder (Canciones a los niños muertos) de Gustav Mahler y el Concierto para piano para la mano izquierda de Ravel. Una tradición, que se ha mantenido hasta hoy, ya que el Musikverein no se limita únicamente a conservar la herencia clásica, también se ha convertido en un caldo de cultivo para la música contemporánea. Por último, este edificio también albergó el estreno de Tres piezas para orquesta de Friedrich Cerhas.

En total, el Musikverein dispone de más de siete salas, tres de las cuales están en uso esta noche: en la Sala de Cristal se celebra el concierto del aniversario del compositor Iván Eröd, en la Sala Brahms —con un aforo de 600 personas— la Vienna Mozart Orchestra ofrece un recopilatorio de lo mejor de Mozart, y el Salón Dorado tiene en cartelera a Franz Liszt.

Son las 19:29 h. El director Martin Haselböck está enfundado en su frac y, en el extremo del escenario del Salón Dorado, comprueba de nuevo que su pajarita esté bien colocada. 2000 asistentes al concierto aguardan su salida a escena; los músicos de la Orchester Wiener Akademie —una orquesta de éxito mundial— ya han tomado sus asientos. Cuando el director Haselböck se dirige puntualmente a las 19:30 h a su atril y le da la mano al concertino, se desatan los aplausos. Haselböck coge un micrófono y ofrece una breve introducción: la Wiener Akademie es la única orquesta de todo el mundo que toca las obras de Franz Liszt en su sonido original, explica. De este modo, intenta —junto con la orquesta que él mismo fundó— hacer honor al compositor húngaro. El director deja el micrófono a un lado y coge su batuta. Empieza el concierto. Primero suena el Primer Vals de Mefisto de la recopilación para orquestas de Liszt, una de las obras más conocidas de este maestro. Después, sube al escenario el organista Christian Schmitt. En perfecta sincronización con Haselböck y su orquesta, este virtuoso del órgano entona Fantasie und Fuge über den Choral der Wiedertäufer (Fantasía y fuga sobre la coral de anabaptistas), en cuyo punto álgido parece que las arañas de cristal del Salón Dorado del Musikverein tiemblen suavemente. La representación termina con un estruendoso aplauso.

23:50 h: el jefe de sala Walter Deibler se deja caer exhausto en la silla de su oficina. Su conclusión para esta noche: todo ha salido bien, como siempre. El último guardarropa acaba de salir del Musikverein, así que para Deibler también ha llegado la hora de irse a casa. ¿Cómo pasará este vienés el resto de la noche? "Con un trago de vino", comenta. "Quizá aún me ponga un CD de Liszt", ya que Deibler no ha podido escuchar nada del concierto celebrado en el Salón Dorado.

Imagenes del Wiener Musikverein

Wiener Musikverein
Wiener Musikverein Österreich Werbung_Sebastian Stiphout Wiener Musikverein
Sala de Conciertos en el Musikverein
Sala de Conciertos en el Musikverein Österreich Werbung_Sebastian Stiphout Wiener Musikverein
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